17 DE DICIEMBRE: MURIÓ UNO DE LOS VERDADEROS PERIODISTAS

17 DE DICIEMBRE: MURIÓ UNO DE LOS VERDADEROS PERIODISTAS

17 DE DICIEMBRE: MURIÓ UNO DE LOS VERDADEROS PERIODISTAS. 

Uno de los que realmente ya no se visibilizan fácilmente: Don Guillermo Cano Isaza. Y esta fecha sirve también para que los que más o menos “jugamos” a ser periodistas,   sintamos una vergüenza profunda, muy honda en nuestra función y en nuestro existir diario. Porque prácticamente hemos perdido la brújula de lo que significa hacer un PERIODISMO VERDADERO, un periodismo que trascienda a fin que un pueblo esté protegido, esté blindado contra el poder que lo corrompe todo. Utilizando el dinero del Estado (no de su bolsillo), para comprar conciencias a fin de tratar con “guantes de seda” a los que agarran y se adueñan de la plata de los pobres. Les dan migajas y ellos se llevan el grueso de dólares verdes. Una muestra de ello es el puente Glenda Freytas/Punchana, donde incluso las autoridades han dado la Buena Pro a empresas inhabilitadas.

Don Guillermo Cano, (12 de agosto de 1925/ 17 diciembre 1986) fue periodista colombiano. Perteneció a la tercera generación de periodistas de la familia Fidel Cano Gutiérrez, fundador del Diario El Espectador. Guillermo Cano, fue asesinado por sicarios del narcotráfico. Fue guía y maestro de toda una generación de periodistas, que recibió de él no solo la formación profesional, sino los principios éticos que defendió a lo largo de su vida y el ejercicio de su carrera como periodista.

Busto en reconocimiento a uno de los grandes periodistas del mundo: Guillermo Cano Isaza.

Fue asesinado al salir de la sede del periódico, el 17 de diciembre de 1986. “Así como hay fenómenos que compulsan el desaliento y la desesperanza, no vacilo un instante en señalar que el talante colombiano será capaz de avanzar hacia una sociedad más igualitaria, más justa, más honesta y más próspera”. Fue el último editorial escrito y publicado de Cano. El miércoles 17 de diciembre -a pocos días de Navidad- sicarios a órdenes del cartel de Medellín (Pablo Escobar), asesinaron frente a la sede del diario a su director Guillermo Cano. Los asesinos esperaron que hiciera un giro en U en la Av. del Espectador, poco después a las 19:00 horas, uno de los maleantes se acercó rápidamente a la camioneta familiar de placa AG-5000 que conducía Cano y le disparó en ocho ocasiones al pecho con una ametralladora. (Cano tenía solo 61 años). Colombia y el mundo se conmocionaron con la noticia.

El 17 de diciembre de 1996 (10 años después del cruel e imperdonable asesinato), sus descendientes crearon una fundación sin ánimo de lucro que lleva su nombre, con el objeto de: “trabajar en la defensa y la promoción de la libertad de prensa en el mundo, así como en la mejora de la calidad del periodismo”. Su sede está en Bogotá. Dicha Fundación fue un pilar fundamental en la consecución de la Resolución 29: “Condena a la violencia contra los periodistas”, aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas.  

 RELATO CONMOVEDOR DE PERIODISTA EN CUYOS BRAZOS MURIÓ GUILLERMO CANO. 

El día en que el Negro Pabón y otro sicario de Medellín, cumpliendo órdenes de Pablo Escobar, dieron muerte a don Guillermo Cano, director de El Espectador, el primero en llegar hasta él para auxiliarlo fue Rodolfo Rodríguez, periodista de ese periódico, quien a pocos metros lo seguía en su automóvil. Un apretado resumen de lo que narró:

“Su rostro pálido no reflejaba ningún dolor, ni tristeza, estaba tranquilo, en paz, como siempre vivió, mientras la vida se le escapaba por los agujeros de las balas de 9 milímetros. Su mirada fija parecía decir algo sin palabras, su boca cerrada y sus manos temblorosas trataban de buscar las teclas de la máquina de escribir que nunca apartó de su lado, porque aunque ya tenía computador, prefería su vieja Olivetti-. Era como si quisiera escribir los últimos párrafos sobre su añorada paz par Colombia. Él siempre decía que le repugnaba la paz de los sepulcros.

“Debemos empezar a ensayar la paz verdadera y duradera”, afirmaba. Censuraba con firmeza la actitud de militares y políticos corruptos y a los narcotraficantes que habían implantado su política del terror, y quienes se habían metido con algo vital para él: la paz del país. Ese 17 de diciembre fue baleado por dos sicarios a bordo de una motocicleta. Sentí los disparos y corrí a ayudar a don “Memo” como le decíamos. La camioneta de don Guillermo iba lentamente chocando contra un poste de alumbrado público donde la gente esperaba los buses.

Ese recuerdo todavía me duele y es la primera vez que escribo sobre esto. Nunca he podido olvidar la imagen tranquila de don Guillermo muriendo en mis brazos. Se le iba la vida al hombre que amábamos; mi rostro fue lo último que él vio. Murió a los 10 minutos en el centro hospitalario donde lo llevamos” narra el periodista Rodolfo Rodríguez, agregando.

“Guillermo Cano, creía en el talento de la gente, lo apoyaba y exigía esfuerzo y calidad en el trabajo. Inventó un “muro de la infamia” que estaba en una pared entre la redacción y el taller de armada, donde ponían aquellos gazapos o errores graves del material publicado por los periodistas” dice. “Ese 17 de diciembre había salido su último editorial -que aún conservo- en el cual escribía: “Así como hay fenómenos que compulsan el desaliento y la desesperanza, no vacilo un instante en señalar que el talante colombiano será capaz de avanzar hacia una sociedad más igualitaria, más justa, más honesta y más próspera”. En un artículo de su Libreta de Apuntes dijo: “Hay que decirle a la mafia: !Ni un paso más!”. Era don Guillermo, un periodista de conducta transparente y valiente que amaba a Colombia y a su gente y los actos de quienes violaban la seguridad del pueblo, no quedaban impunes.

Tenía una pluma sencilla, humilde pero enérgica y que era respetada no solamente por la élite del gobierno y la política sino por todo el país, lo primero que hacían era ir a la página editorial buscando la nota de don Guillermo. Era un vocero del pueblo. El día de su entierro fue un día de silencio de todos los medios. No hubo periódicos, ni noticieros d radio ni televisión ni salieron revistas. Todos los medios siguieron el féretro de don Guillermo en su viaje al panteón. Habían acabado con la vida del periodista más honesto del país. Solo así lo pudieron callar, ese era el comienzo del final del baluarte más importante que tenía el país para defender la paz, la democracia y la honestidad, el diario El Espectador. Ese que Guillermo Cano, quería con todo su corazón y que usaba para defender los intereses del pueblo” puntualizó su colega.

Cuando un grupo de inversiones quiso comprar el periódico Cano se negó y luego de la insistencia escribió en una nota editorial que su padre don Gabriel también había escrito: “Ni se compra, ni se vende”. Don Guillermo, dijo también en un editorial que solo muerto dejaría de tomar partido en los problemas del país, en defensa del pueblo. Decía que cuando el terror cesara, las palabras se convertirían en atalayas, en guardianes de la verdad, la paz y la democracia, que serían más mortíferas que las pistolas par guardar a Colombia, según cómo se escriba, quien las escriba y hacia donde se disparen. Escribía que si la paz llegaba a ser una costumbre consolidada en Colombia, el quehacer de la vida cotidiana acabaría por llevarse río abajo el odio político enquistado durante muchos años. Un hombre de grandes pasiones, que amaba el amor, que amaba el periodismo, que creía en un país demócrata y en paz, una paz que reinara en todo el territorio nacional para bien de todos” concluye Rodríguez.

A nosotros con vergüenza, solo nos queda decir: !cuánta falta hacen los Guillermo Cano, en todo el mundo! Definitivamente.