A 40 años de la masacre de Yurimaguas

A 40 años de la masacre de Yurimaguas

*No hay ningún procesado, ni investigado, mucho menos algún detenido.

Un día como hoy.

Al igual que hoy, en el contexto del mundial de Argentina -78, con la diferencia que jamás en las luchas anti dictatoriales hubo una “guerrero manía” tan desproporcional y alevosa en el deporte y la política, se vivía la fiebre futbolística propia del evento internacional. Ya se había deportado a luchadores sociales de nuestro país –precisamente hacia territorio del dictadorzuelo Rafael Videla–, pero también faltaban pocos días (seis exactamente) para la realización de las elecciones constituyentes del 18 de junio 1978.

En Yurimaguas, exactamente aquél lunes 12 de junio 1978, en el marco de la huelga magisterial iniciada el 8 de mayo, desde tempranas horas el pueblo se concentraba en la zona de Moralillos. La orden vino desde arriba inmediatamente para reprimir fuerte y salvajemente a un pueblo de eterna raigambre combativa, cuyas únicas armas y delitos eran luchar por la dignidad y por el respeto a las libertades democráticas, entonces avasalladas por Francisco Morales-Bermúdez Cerrutti y su cúpula militar.

El magisterio fue arrinconado, los primeros maestros detenidos y perseguidos. Los allanamientos se multiplicaron. A las fuerzas represivas de entonces, a la Guardia Civil principalmente, no le interesó nada, igual daban maestras embarazadas, niños y ancianos. Es que los padres de familia y los alumnos habían salido en defensa de sus maestros. Bombas lacrimógenas por doquier, fundamentalmente en los barrios de Moralillos, La Favorita y en el incipiente Agua Miro.

Cuando el mar humano se encontraba en las inmediaciones de Jáuregui con Manco Cápac/Julio C. Pinedo y Jáuregui con Progreso y Julio C. Arana, se dio una batalla descomunal.

Ante la avalancha abusiva, el magisterio retrocedió. Ya entrada la tarde, el pueblo yurimagüino estaba en las calles dirigiéndose a la concentración en la “Casa del Maestro”, entonces en José Riera con Tarata. La dirigencia del Sute – Alto Amazonas dispuso que la gente retorne a sus hogares para evitar el costo social inminente. Los primeros maestros y luchadores detenidos estaban en los calabozos de la Guardia Civil (Plaza de Armas) y otros en el “Cuarto Sector” (primera cuadra de Julio C. Arana, después de la entrada principal del mercado central).

Se hizo caso omiso a la orden de repliegue dado por los sutepistas. La muchedumbre tomó José Riera y giró hacia Jáuregui para dirigirse hacia la plaza de armas con el fin de rescatar a los detenidos. Adelante estaban principalmente niños, adolescentes y jóvenes de los estamentos estudiantiles de los principales colegios de Yurimaguas (Jáuregui, Industrial y Agropecuario, entre otros). El “nervio político” de los yurimagüinos salía a relucir indiscutiblemente.

Cuando el mar humano se encontraba en las inmediaciones de Jáuregui con Manco Cápac/Julio C. Pinedo y Jáuregui con Progreso y Julio C. Arana, se dio una batalla descomunal: los gritos y arengas de un pueblo sediento de justicia y las bombas y las balas asesinas de policías y militares. “Ishanga” (guardia civil), “Capulina” de la Marina de Guerra y otros, disparaban a quemarropa. Cayeron ante las balas asesinas Lucho Cardicelis Daza, Francisco Tapayuri Chota, Ulderico Guerra y un estudiante de apellido Huamán. Los indígenas Shawis que “acampaban” entonces por lo general en las inmediaciones de Manco Cápac (primera y segunda cuadra) también fueron baleados, sin embargo, no se conoce las cifras precisas, existiendo testimonios de la forma cómo retiraban los cuerpos de sus compañeros en medio de la confusión y nocturnidad represiva de aquél funesto 12 de junio de 1978.

La ecuación de la torpeza y el mal que exigieron la salvaje represión podría resumirse en: Morales Bermúdez + Subprefecto Ricardo Arévalo + complicidad de la Iglesia Católica (Miguel Irízar) = muerto, heridos, contusos, masacrados y perseguidos. Sin embargo, hasta hoy no existe una versión histórica escrita sobre este hecho reprochable y cada autoridad que entra siempre promete que buscarán que se escriba la historia verdadera, pero nunca lo hacen. Pese a la secuela que dejó este hecho, nunca se detuvo o se enjuició a represor alguno. Hay una deuda histórica con el pueblo yurimagüino. ¡GLORIA ETERNA A LOS MÁRTIRES DE YURIMAGUAS!