“Cabo López”: un camino entre la vida y la muerte

“Cabo López”: un camino entre la vida y la muerte 

A la altura de la cuadra 14 de la Av. Participación, saliendo desde el centro de Iquitos, ingresando unos 100 metros hacia la mano izquierda, se llega al centro poblado “Cabo López” que “luce” una vía de unos dos kilómetros totalmente deplorable llena de baches y barro que se dejan notar más en los días de intensas lluvias. Es la vía que tienen que transitar los vehículos para trasladar a diario a los moradores.   

Siguiendo la larga vía volteando a la derecha por una vereda peatonal, se llega al cementerio “Cabo López” que está en total abandono y en aparente informalidad, pese a los más de 15 años que lleva existiendo, sirviendo de última morada para los seres queridos de muchos. A simple vista se puede observar el desorden de las tumbas mal ubicadas, las cruces de madera, muchas ya sin nombre, rotas, mezcladas con bolsas de basura.  

Y un camino para el pase vehicular y peatonal en medio, partiendo al campo santo en dos. La vida y la muerte entrelazadas en un mismo espacio. Muchos transitan sin la menor preocupación o respeto. Según moradores, dicho lugar no se quedó de lado tras ser partícipe de entierros en la época donde el coronavirus golpeaba fuerte en Loreto. Así como este cementerio informal hay muchísimos otros, por eso, se dice que el saldo de fallecidos por covid podría ser aún mayor que la cifra conocida.  

A un lado de la explanada plagada de cruces antiguas y nuevas, llena de maleza, sin un perímetro que muestre una división entre la vida diaria de estos pobladores y la muerte reposando en el cementerio; empieza el anexo del poblado Cabo López, lugar que hace poco más de un año fue escenario terrorífico ya que encontraron el cuerpo sin vida del pequeño Elmer de 11 años. Un caso que conmocionó a toda la región Loreto y al país tras conocerse que fue la propia madre del pequeño la autora intelectual del secuestro que terminó en crimen.   

Algunos habitantes de la zona señalan que por el momento no cuentan con luz, pero ya están poniendo postes de madera con cables para el próximo alumbrado público que debe concretarse en Navidad. Así los hogares podrán contar con servicio de energía eléctrica. Cuentan con pequeños caños que les proporciona agua y que día a día ellos juntan en sus baldes para poder subsistir. De lo contrario, tienen que comprar el agua al precio de un sol el balde, que quizá para una persona con altos ingresos puede ser solo un sencillito, pero para los que viven por ahí cada centavo les cuesta sangre, sudor y lágrimas aún más en estos tiempos de coronavirus.   

“Todo tiene su hora y a cada uno le llega su justicia, Dios mira todo”. Fueron las palabras de un poblador que cansado del olvido de las autoridades solo se aferra a la justicia divina que, al parecer es la única que los ampara. Realmente a nuestras autoridades les hace muchísima falta salir de sus oficinas y empezar a recorrer un poquito más aquellas zonas alejadas porque con toda seguridad que “Cabo López”, no es la única que “luce” un gran abandono. Un abandono total. (Micaela).