Seres mitológicos renacen para continuar siendo celosos guardianes de la Amazonía

Seres mitológicos renacen para continuar siendo celosos guardianes de la Amazonía

*Obras de Javier Velásquez Varela, tienen como objeto inspirar a las nuevas generaciones en ese fin esencial de la vida.

Sin duda que publicaciones como las dos últimas del mencionado escritor: “El árbol del Chullachaqui” y “Nito el Monito”, llegan al escenario literario en un momento crucial de la Amazonía.

Ediciones de fácil comprensión lectora y atractivas ilustraciones a fin que los niños y adultos rápidamente interioricen al máximo la importancia de cuidar el planeta, la selva, Loreto. Ojalá y los docentes de diversas Instituciones Educativas, puedan adquirirlas y así impregnar la conciencia de las nuevas generaciones en una defensa cerrada de la naturaleza.

En la edición “El árbol del Chullachaqui”, donde Javier empieza escribiendo: “¿Alguna vez te has puesto a pensar qué pasaría si pudieras sentir lo que siente un árbol? Pues, se dice por ahí, que hay algunas personas que han vivido como árboles y esta historia trata justamente sobre eso.

Chullachaqui está mirando Chullachaqui atento está Si te metes con su árbol Un castigo te dará” inicia. En esencia, narra una historia veloz y comprensible de un abuelo con su nieto que cortan árboles para ganarse la vida. El abuelo le dice al nieto, que quería barrer con todos los árboles para tener dinero; que no era así y que la naturaleza les daba lo justo para sobrevivir y que jamás se deberían cortar los árboles semilleros, porque estos hacían posible el nacimiento de más en el tiempo.

Producciones literarias de Javier Velásquez Varela.

El nieto desobedece a su abuelo, un día se interna en el bosque, después de tumbar un inmenso árbol, se le aparece el Chullachaqui, en la imagen de su abuelo. Lo lleva a la selva profunda y ahí lo arroja por un agujero al fondo del árbol para que viva como tal. Su castigo duraría 100 años. Vería la luz del sol, sentiría la lluvia, escucharía el canto de los pajaritos, pero también viviría con miedo pues cualquier sediento de dinero podría llegar para cortarlo.

Ojalá y el Chullachaqui, se hubiera presentado antes que los empresarios de la empresa Cacao Norte, llegaran a Iquitos quienes sin contar con los permisos necesarios para hacerse de una alfombra limpia para sembrar sus productos, optaron por llegar con maquinaria pesada y deforestar miles de árboles primarios en Tamshiyacu. Terrible. Nadie podrá resarcir la vida de esos cientos de árboles que llenaban de oxigeno el planeta.

El otro libro, trata de la libertad de los animales de la selva, a los que muchas personas a veces los compran para tenerlos como mascotas en sus casas, sin saber que eso los daña. Sin duda dos producciones literarias netamente amazónicas que ya deben estar cautivando el corazón de los pequeños. Y no solo eso, los irá convirtiendo también en celosos guardianes de su bella Amazonía.