Viaje por el bajo Amazonas: en Ferry o lancha igual la Amazonía se muestra desafiante, avasallante y hermosa

Viaje por el bajo Amazonas: en Ferry o lancha igual la Amazonía se muestra desafiante, avasallante y hermosa

*La Selva se abre inconmensurable para todos los que la quieran recorrer.

*Sus misterios y peligros no quedan de lado al pisar tierra donde sus habitantes pugnan por sobrevivir ante la inmensa falta de trabajo.

*Algunos comparan al bajo Amazonas con la zona del VRAEM a la que el Estado no está poniendo oído a la “música”.

Decidir un viaje por la zona del bajo Amazonas, es como ir al encuentro de todo un poco. Empezando por las páginas que registran la historia respecto a dos personajes de talla internacional como la visita del joven estudiante de medicina Ernesto Che Guevara, quien llegó a la localidad de San Pablo en el objetivo de curar –a su manera- a personas afectadas por la Lepra.

El otro fue don Máximo Kuczynski, médico y padre del actual presidente del Perú, quien también arribó a la mencionada localidad, exactamente al leprosorio que funcionaba en un lugar denominado “Leprosorio”. Cuando él llegó, vio una especie de “campo de concentración Nazi”, los afectados de lepra, separados de los que estaban sanos por tres hileras de alambre de púas. Lo que mandó a erradicar de inmediato.

Así como ellos, existen otros personajes de carne y hueso que no por ser menos conocidos, dejan de ser parte de la historia que se plasma por todos los alrededores del inmenso río Amazonas, que empuja sus aguas hasta Brasil con una fuerza incontenible, cósmica. Pensar que en algún tiempo un mandatario desequilibrado, quiso dar pase para que las aguas del caudaloso río, fueran trasvasadas a la costa. Quizá estaba afectado por algún alucinógeno, de aquellos que dicen por ahora que se están sembrando prolíficamente en los alrededores del bajo Amazonas. Sin que el Estado quiera ver esa realidad.

VIAJE POR EL AMAZONAS.

Hace unos meses, si no se tenía dinero para viajar en un deslizador rápido a la frontera, la única salida era tomar una embarcación gigante donde viajar mezclados con la carga que trasladan los propietarios por la zona mencionada. Esperar que transcurran 2 o 3 días para llegar al destino final, la frontera. Los pasajes variaban entre 100 140 soles en lancha hasta Santa Rosa, vecino con Tabatinga (Brasil) y Leticia (Colombia).

De pronto un trío de empresarios se conectó al gobierno para conseguir que les subvencionen los gastos de un yate conocido como Ferry, que ofrecía ambientes amplios, limpieza y orden, tipo avión. Lo consiguieron, tanto así que vino el ex ministro de transportes a inaugurar la nave. Eso preocupó a las lanchas. “Ellos se llevan todo” dicen ahora, como arrepentidos de antes no haber brindado el buen servicio. “Si el gobierno también nos subvencionara con dinero, claro que también daríamos un mejor servicio” apuntan.

El diario pudo llegar hasta San Pablo, saliendo a las 5 de la madrugada desde Iquitos, llegando a las 4 pm. al punto final. En la zona de inmediato se pudo percibir el atraso y a la vez una vorágine de desarrollo en que está metido el pueblo. Aquellos que siempre han vivido de sus pequeños negocios en la calle, en sus casas o de algunas entidades del Estado, siguen igual. Sobreviviendo.

Los otros, en mayoría denominados “israelitas”, hijos del Frepac y del agro, son los que evidentemente se han apoderado de la zona comercial del lugar. Cuentan con tiendas anchas y totalmente abastecidas de productos, se asemejan únicamente a las tiendas de los conocidos “chinos” en Iquitos. Igual panorama se observa en Pebas.

El pueblo no tiene agua, cuenta con agua bombeada del río, hay luz por seis horas, pero sí cuentan con recuerdos imperecederos y de gratitud para con los personajes que antes mencionamos. Viven por ahí unas cinco mil personas, de cuando en cuando se registran crímenes que a la larga quedan impunes. Los hoteles cobran entre 25 y 30 soles la noche, los más seguros.

Cuando cortan la luz, San Pablo, Pebas y otros pueblos, se convierten verdaderamente en las fauces del lobo. Cuentan que es ahí donde los comerciantes de hoja de coca o coca pura, se mueven en el sigilo de una noche más negra que la conciencia de muchos humanos.  ¿Y la policía? Nada. ¿Qué puede hacer si no cuenta con bases que se dediquen a hacer operativos? Las casas de muchos habitantes, pese a no existir trabajo, se vienen construyendo ya sea con material noble o rústico. Los centros de “diversión” también reciben a los jóvenes, más a los que se dedican a recolectar la hojita “salvadora”, que les ayuda a vivir.

Retornar en lancha de San Pablo a Pebas, es una odisea. Es ver la naturaleza viva, sentir la selva a flor de piel, percibir el éxtasis de la vida en toda su extensión. Cada pasaje de ella se muestra en 3D, un regalo de Dios. Viajar ahí es darse cuenta del desarrollo de los pueblos como “San Isidro” hasta donde incluso llegan juegos para los niños. Es decir que dinero fresco existe para el gasto.

TODO PERÚ VIO EL MUNDIAL.

Cuando todos los pasajeros de la lancha “Fernanda” se disponían a dormir en las hamacas, esperando esterarse al día siguiente del partido entre Nueva Zelanda y Perú, quién pasaba al Mundial de Rusia; se escuchó una voz decir que el que deseaba podía bajar porque el patrón y la tripulación verían el partido en la placita de “San José de Cochiquinas”. En efecto, todos bajaron.

Recorrer el lugar bajo un cielo bien oscuro por lo tanto con estrellas magníficas, brillantes y motivadoras de bellos recuerdos; era todo un regalo de la selva. Lo primero que llamó la atención era la presencia de varios hotelitos, peluquerías donde varios chicos del gremio, desentendidos del partido, practicaban con diversos colores en sus cabellos, hablando de cuál de los jugadores era el más guapo. Sus risas eran una explosión en el lugar.

Más allá un bar, con muchas cajas de cervezas y luces de colores que invadían el lugar al ritmo de un vallenato. La pantalla gigante se colocó en la plaza y los telespectadores se ubicaron lo mejor que pudieron. Arrancó el partido y todos aplaudieron. Cada falla de gol era un grito agónico del público. Al llegar el primer gol, “San José de Cochiquinas” expectoró todo el aguante que tuvieron adentro como una llama que les quemaba el corazón. El segundo gol fue recibido con más seguridad y alegría. Concluyó con aplausos y la partida de una buena porción de espectadores ocasionales que abordaban nuevamente su lancha.

Era para que la embarcación llegue a las 3 de la madrugada a Pebas, se llegó a las 5 y 30 a.m. El distrito hace rato que ya estaba en movimiento, pese a que en todo el país se declaró feriado. El comercio, ni modo, es lo que más se mueve por el lugar.

Antes de Pebas, también se visualizó “Alto Monto de Israel”, era como llegar a otro distrito. El FREPAP, el mismo del “pescadito” es dueño y señor de esa comunidad. Las mujeres, grandes y pequeñas, andan con su velo en el pelo, vestimenta larga y los varones con sus trenzas en la cabeza. Igual la zona está más que viva por obra y gracia del comercio. Por supuesto que la pobreza también se muestra en toda la ruta, sin duda pasarán más de mil años para que el desarrollo transparente y sostenido, lleguen a esos lugares, encantadores por su belleza natural, pero preocupantes por lo que viene ocurriendo en sus entrañas, lo que debería mirar mucho mejor el Estado.

Ahí está el bajo Amazonas, con un movimiento febril, singular, israelitas y pueblo viajando en lanchas debido a que en el Ferry les dicen que los pasajes se acaban rápido y que tienen que sacar con tiempo, siendo que en muchos casos retornan con algunos asientos vacíos. Naves en donde no es raro ver y escuchar a grupos de colombianos y brasileños llegar a la Isla Iquitos.

En el puerto de Enapu, tres hombres de seguridad del Ferry, controlan únicamente que nadie lleve armas abordo. En la ruta hasta San Pablo, no se vio a ningún policía antidrogas o de la policía nacional, mirar un poco más a fondo los viajes. Al retorno en Enapu, unos caminan hasta la Av. La Marina, personal pide sus tarjetas de identificación. Nada más. Otros les sacan la vuelta porque se embarcan en motocarros que los dejan pasar hasta la parte baja del puerto.

Falta un control más riguroso. Creemos sinceramente. Sobre todo, por lo que se viene escuchando a voz baja en esos lugares, de que la zona está infestada de hoja de coca y que quizá el VRAEM, le queda como un “bebe de pecho” a la zona del bajo Amazonas. Ojo con eso.