Cementerio de El Estrecho/Putumayo en absoluto abandono

*Según pobladores el alcalde más para en Iquitos que en su distrito.

*Maleza supera en tamaño a algunas tumbas.

*Esquina del Campo Santo recibió a fallecidos por covid.

Tristeza y melancolía no las quiero en casa mía”, acostumbraba a decir “Santa Teresita”, fundadora de la Orden de Carmelitas Descalzos, también conocida como Santa Teresa de Jesús.

Si la santa tuviera la posibilidad de andar por la calle que lleva su nombre en el distrito fronterizo de El Estrecho/Putumayo (Santa Teresita); por más que quisiera espantar la tristeza y melancolía de su casa o su corazón, le sería imposible porque ella se le clavaría en el alma para toda la eternidad.  

Sí, para la eternidad. Al observar el inmenso abandono del cementerio que está al lado de su calle, que ni siquiera tiene un acceso adecuado al campo donde yacen los cuerpos de mucha gente que nació, creció, se reprodujo y murió en El Estrecho, distrito vecino al país de Colombia.

El Estrecho, distrito vecino al país de Colombia.

Ingreso al cementerio de El Estrecho, alcalde parece que ni siquiera sabe que existe.
“Campo Santo ubicado al lado de la calle Santa Teresita”.

Recorrer todo el camino es ir pensando –y rogando- que no salte por ahí una víbora traidora para sacarnos del ensimismamiento y perplejidad en el que caemos al constatar el abandono atroz al que las autoridades de turno someten a los ausentes.


Cruces que son rebasadas por maleza, rotas, despintadas, abandonadas.

Esa frase: “Los seres que se aman no tienen olvido, no tienen ausencia…no tienen adiós”, simplemente no les va a los responsables de cuidar ese único refugio de amor ausente que les queda en la vida terrenal a los seres queridos de los que ya se les adelantaron.


Parece que en años los del lugar no asisten para el Día de los Santos Difuntos y no solo por pandemia, el abandono es antiguo.

Las cruces observadas, muchas ya sin nombre, otras tantas rotas. Tiradas como cualquier palo de aserradero, sin el menor recuerdo afectivo. Ya no tienen fecha de nacimiento, ni de muerte. Indescriptible.    


Cruz Mayor donde las personas llevan flores cuando están lejos de sus seres ya ausentes. Son dos palos y punto.

La Cruz Mayor, que es la cruz donde las personas colocan flores en recuerdo de sus seres queridos que están sepultados en otras partes, en señal que aún están en su corazón; también está convertida en dos palos cruzados, viejos. La maleza lo abarca todo, como queriendo borrar el total de las cruces ubicadas del mapa de las ánimas.


Esquina donde están los fallecidos por covid. A algunos todavía les falta su identificación.

A lo lejos, cerca de un aguajal, en una esquina, yacen los nuevos propietarios que ganaron terreno sin ni siquiera imaginar que una pandemia llamada Covid, los sacaría de la vida de manera veloz, sin preguntas y sin respuestas. De manera inesperada, tosca y triste.


¿Tanto le cuesta a la autoridad edil contratar a personas para que poden la zona cada cierto tiempo? Claro, él está en el mundo de los vivos y no de los muertos.

Y así pasan los días y años por ese campo, sin que a las autoridades se les antoje en caminar por él y mandar que limpien la maleza y en una pisca de empatía popular, mandar a arreglar algunas cruces o empezar a mejorar la zona en el objetivo que los futuros muertos lleguen a su última morada de manera digna, como manda la Ley.     

“Para mí la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada al cielo, un grito de agradecimiento y de amor en las penas como en las alegrías” dice Santa Teresita.

Simplemente dudamos que viendo todo lo narrado, se pueda levantar la mirada al cielo para agradecer lo que no hacen los responsables de administrar el dinero público de esa provincia tan lejana y tan devastada por el olvido en todos los sentidos.